Tendencias obsolescentes, superficialidad desinformada y tecnooptimismo desbordante

Estos son los tres elementos, repetitivos e inevitables que se dan cita en la práctica totalidad de los “debates” que sobre la Red podemos encontrar “en” la Red. Como lugares comunes mil veces transitados, se muestran ya un tanto ajados por el uso y el tiempo; pero siguen estando vigentes en ámbitos muy diversos. En este caso me los encuentro encarnados con especial crudeza en la (pen)última conversación que he tenido la oportunidad de moderar/conducir en #RConversa alrededor de la realidad de nuestro mundo #Hiperconectado.

Hiperconectado, ShutterStock

El debate se articulaba en dos partes bien diferenciadas, una programada como aperitivo de la jornada celebrada en Teleco hace una semana –cuya grabación ya está disponible en Global Plaza-, y una segunda parte que se ha desarrollado hasta ayer. Tal y  como explicaba en la plataforma de marras, la primera parte del debate estaba dedicada a dos ámbitos de especial relevancia socioeconómica: la Educación y la Sanidad; mientras que la segunda parte estaba pensada como “un ejercicio compartido de prospectiva” que nos ayudara a dibujar entre todos los futuros más probables, deseables y/o imaginables de ese mundo hiperconectado en nuestro país y en el mundo.

Enfrentado a la tarea crítica de elaborar unas conclusiones suficientemente sintéticas y útiles en posteriores foros, encuentros, debates y conversaciones, encuentro que esos tres elementos -intencionadamente provocativos- se pueden “asignar” de manera diferencial a las dos partes del debate, así como en una tercera dimensión más genérica a la propia naturaleza del mismo y su diseño.

Hiperconectado, Hiperansiosos, Hiperexpuestos, en La Nación

En lo que se refiere a la conversación surgida alrededor de la Educación y la Sanidad como espacios virtuales en los que explotar las potencialidades que ofrecen unas tecnologías cada vez menos “nuevas” y más “cotidianas”, hay que destacar la incontestable omnipresencia de las tendencias más cercanas a la actualidad informativa de la Red. Tendencias convertidas en meme de uso común y caducidad asegurada por la retórica informática vigente del cambio de versión. El mejor ejemplo es el caso de los MOOC y su rápida popularización en el ámbito de la educación superior.

Hiperconectado, by Kearu

Al trasladar el debate a cuestiones más “horizontales” -en su definición y sus consecuencias-, el elemento que emerge como más relevante es un desbordante tecnooptimismo que eclipsa por completo el más leve vestigio de un escepticismo casi olvidado que deja desprotegida e indefensa nuestra capacidad crítica. La privacidad y sus visibles consecuencias en nuestra cotidiana relación con unas tecnologías cada vez más “convivenciales” o al menos “usables” dominaban el debate: al parecer estamos hiperconectados e hiperexpuestos, mientras desarrollamos una “extimidad” mal entendida.

Obviamente, si no tomamos nota de esto, ni medidas para evitarlo, será difícil que como institución universitaria podamos mantener la rigurosidad y “universalidad” que nos define y nos compromete socialmente con una labor irrenunciable, necesaria e ineludiblemente unida a un sentido moral y ético de la misma que debe ir mucho más allá de la simplista superficialidad desinformada que encontramos en los titulares de Twitter y otros “medios sociales”.

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