Post Invitado. Mariano Blanco: “El Riesgo Tecnológico en Tiempos de Smartphones y Redes Sociales”

Mariano Blanco Gema

Mariano Blanco Gema es Director de Comunicación y Marketing para España y Portugal en Chartis Europe (antigua AIG). Aporta más  de cuatro décadas de experiencia en la industria aseguradora internacional, asumiendo distintas responsabilidades: suscriptor de diversas líneas, Director Técnico, Director de Siniestros, creación de nuevas plataformas y canales de distribución, muy especialmente en Internet y Banca-Seguros; y aunque su actividad principal se ha desarrollado en España, también ha participado en proyectos de larga duración, durante más de seis años, en Reino Unido, Suiza, Italia, Bélgica, Holanda, Francia y Portugal, países en los que ha gestionado la auditoria preparatoria para la transferencia de carteras y aseguradoras en procesos de fusión y adquisición.

Mariano Blanco es Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y Derecho por la UNED, además de Máster en Comunicación y Recursos Humanos por IESE. Aparte de atender sus responsabilidades en la empresa, Mariano, que se ha desempeñado como Teniente 2º de la Reserva Voluntaria, siendo además galardonado con la Medalla de Oro de la Cruz Roja, desarrolla también una importante labor docente en instituciones como las universidades UCM, UC3M y UAM, amén de las escuelas ENAE Business, INESE, INADE o ESAN.

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Cada avance tecnológico que el ser humano ha hecho, desde el principio de los tiempos, ha incorporado ventajas y casi siempre algún inconveniente. Por irnos muy atrás en la historia, el fuego, fue indiscutiblemente un gran avance, a pesar de lo cual, tantos siglos después, aún seguimos teniendo algunos problemas con el manejo del fuego.

A estas alturas, estamos todos tan familiarizados con las comunicaciones modernas, con la tecnología, con nuestro smartphone, que a veces da la impresión de que el ser humano ha tenido acceso a Internet de banda ancha, teléfono móvil y GPS desde los tiempos de Atapuerca; pero como bien sabemos NO es así, muy al contrario, todas estas tecnologías son cosa en términos históricos de, digamos, esta misma mañana; todos somos conscientes de la novedad de las herramientas y de su frenético desarrollo, las aplicaciones y aparatos sucumben obsoletos al cabo de unos pocos meses; por ilustrar esto con un tono personal: yo cambio mi BlackBerry cada 10 o 12 meses, más o menos, por un modelo superior, más avanzado, mientras que mis hijos me dicen que ya debería haberla desechado (ellos cambian sus aparatos…estimo que cada 3 o 5 meses). Esta veloz obsolescencia nos podría llevar a reflexionar sobre temas de despilfarro de recursos o incluso de desechos y su consiguiente deriva ecológica, pero no, hoy hablamos de otros riesgos.

Precisamente esta velocidad de implantación y este tan ultra-veloz desarrollo tecnológico, muy positivos por supuesto, tienen su carga negativa, de hecho están en la raíz del tema que hoy quisiera evocar, los riesgos asociados al uso de las herramientas de comunicación.

Con la perspectiva necesaria deberíamos reconocer que aún estamos en fase de adaptarnos a muchas de las novedades que la ciencia ha puesto a nuestro alcance, no estamos aun suficientemente familiarizados con los avances y eso genera no pocos peligros:

En la mente de todos están los ataques informáticos y los graves perjuicios y costes que suponen para las empresas, la inevitable necesidad de proteger nuestras redes contra la intrusión y el robo de datos sensibles.

Hay más riesgos, menos obvios pero igualmente dañinos, pensemos por ejemplo en nuestras bases de datos, que caso de ser robadas no solo pondrán en peligro nuestra continuidad en el negocio X de que se trate, es que también seremos objeto de sanción, porque debemos recordar que en España tenemos una de las más modernas y punitivas legislaciones en materia de protección de datos y si nos hemos “dejado la puerta abierta” para que penetre el hacker, eso es una responsabilidad que se persigue y castiga.

No creo preciso incidir en la necesidad de proteger adecuadamente los equipos y las redes, en desarrollar sistemas de acceso securizado que den a nuestro trabajo (o también vida privada) un carácter de seguridad y privacidad que debiera ser siempre una prioridad.

Pero es que siguen apareciendo nuevas situaciones de potencial peligro, por ejemplo las redes sociales que plantean no pocos casos en que nuestra tesorería se puede ver afectada. Sin tratar de ser exhaustivo, enumero a continuación una serie de riesgos para las empresas asociados a las redes:

  • Absentismo virtual (el empleado está, pero se dedica a chatear o a mantener sus cuentas de Facebook, Tuenti, etc.).
  • Infidelidad de empleados (traslado a terceros de información de nuestra empresa, por parte de empleados no leales).
  • Daños reputacionales, de los más graves que puede sufrir cualquier organización (personas no autorizadas, dando opiniones/explicaciones de los entresijos de la empresa).
  • Facilitación de acceso a terceros (involuntaria o no)
  • Perdida de patentes, ficheros (más allá de la infidelidad, por mera negligencia).
  • Riesgos políticos, legales o de ‘compliance (pensemos en empresas con intereses en varios países y en el hipotético vertido de comentarios inapropiados).

Son solo unos pocos ejemplos, habría más potenciales escenarios que desarrollar, pero nos conducirían a las mismas conclusiones, hoy día se han de redoblar los esfuerzos en prevención y tener previstas nuevas situaciones que antes no se daban.

Consideremos además el hecho ineludible de que al estar en LinkedIn o Xing, GMail o Hotmail, Foursquare o Meetic nos estamos “instalando en casa ajena”, quiero decir que estamos aceptando unas políticas que casi nadie lee, pero que llevan aparejada la renuncia a los tribunales españoles, y nos sometemos a la jurisdicción del condado de Santa Monica en California; es así, y de hecho no conozco a nadie que tenga abogado en aquellos lares; hasta las mismas comisiones rogatorias de la judicatura española se enfrentan al muro de las autoridades de allá, con poco éxito por cierto. A eso me refiero con lo de estar en casa ajena, aceptamos políticas de privacidad hilarantes, sin reparar en que mañana nuestras fotos pueden ser objeto de comercio o de publica visualización. Es un mundo con reglas distintas.

Dicen que en las agencias de seguridad y espionaje USA, esas que se denominan todas con tres letras, CIA, FBI, NSA, etc., se plantearon un día cómo lograr datos más precisos de los ciudadanos, para mejorar el control y la seguridad nacionales, no sabían cómo conseguir datos y a alguien se le ocurrió la genial idea de que fuesen los propios ciudadanos los que aportasen los datos, de ahí dice la leyenda que nació todo el universo de redes sociales, no sé cuan veraz será esta leyenda, pero si lo piensa uno un poco es eso, ponemos en nuestros perfiles una información tan extensa sobre nosotros que luego nos sorprende “lo mucho que saben de nuestra intimidad”, pero es que lo hemos contado nosotros.

Bromeábamos hace poco Antonio Fumero y yo sobre la analogía de estos temas con la higienes diaria, puede parecer una boutade, pero el paralelismo es curioso y muy digamos, grafico. No se trata de que nuestras actividades en relación con un ordenador, Internet, Redes, etc. se encuentre presidido por el miedo o la desconfianza, pero sí de tener unos protocolos muy marcados que deriven en rutinas virtuosas incorporadas a nuestro día a día de modo tan natural, como por ejemplo la ducha diaria o el cepillado de dientes. Si conseguimos que en nuestras organizaciones y en nuestras familias los protocolos de seguridad llegaremos a un estado natural de prevención, del mismo modo que lo hacemos en otras facetas cotidianas de la vida.

Si le preguntas a alguien por qué no deja su coche abierto cuando lo aparca, te responderá con rotundidad que para evitar el robo, sin embargo si la misma pregunta es en relación con la seguridad de sus comunicaciones en red o sus ordenadores, la respuesta será casi siempre mucho menos rotunda, y esto ¿por qué es así?, a mí se me ocurre una explicación bastante simple, somos más conscientes del peligro de que nos roben el coche, mientras que el riesgo de que en nuestro ordenador se infiltre un troyano, es mucho más remoto, menos evidente y le damos una ponderación de seguridad mucho menor.

Sin duda esto cambiara con el tiempo, me atrevo a vaticinar un futuro en el que nos dejemos el coche abierto al aparcarlo -los coches tendrán pronto reconocimiento de usuario autorizado-, pero el ordenador esté protegido por potentes medidas de seguridad, ¡ojala sea pronto!

No quisiera terminar sin aludir a otro ámbito menos evidente aún, pero que por desgracia tiene un potencial de riesgo que se va a multiplicar muy pronto, me refiero al universo de telefonía, smartphones y tablets. De nuevo ventajas de operatividad, enorme atractivo por lo mucho que nos solucionan la existencia, por su imparable ubicuidad en nuestras vidas, pero a la vez una incipiente (o no tan incipiente) fuente de problemas.

La nueva frontera de los hackers, de los amigos de lo ajeno con conocimientos de programación está precisamente en estos dispositivos, que precisamente por su gran conectividad y uso frecuentísimo dejan muchas puertas sin cerrar por las que cualquiera se puede colarse, interceptar nuestras comunicaciones o saber hacia dónde viajamos, en qué fecha y por cuanto tiempo (pistas de innegable valor para quien quiera saquear nuestra casa u oficina). Hace muy poco, comentando esto con responsables de la Sección de Delitos tecnológicos de la Policía Nacional, su parecer en este asunto era de que estamos en general como País sumamente desprotegidos y lo que es peor, muy despreocupados respecto a esto.

Pero es que esto no se va a detener, muy al contrario, hay una nueva frontera ya a la vista, por la que “los malos” se están frotando ya las manos, el pago mediante teléfonos móviles, algo todavía muy limitado, pero que va a tener un brutal auge, solo comparable al advenimiento de las tarjetas de crédito en los años 70. En muy poco tiempo vamos todos a pagar nuestro billete de metro o el café con churros mediante una nueva facilidad añadida a nuestro inseparable móvil, y eso será el momento del boom de nuevas estafas que están ya en desarrollo, casi antes de que el sistema vea la luz.

De nuevo otra analogía, somos todos muy conscientes de los peligros que acechan a nuestro dinero de plástico, tenemos ya todos una cultura de seguridad en el manejo del PIN, ¿verdad?, pues si la respuesta es afirmativa vayamos preparando ya nuestras Blackberries, Tablets y nuestros iPhone para el día en que empecemos a pagar con ellos.

No es tan difícil, el ‘checklist‘ resulta bastante sencillo, un buen antivirus, bien actualizado y mantenido, contraseñas seguras y no evidentes con números, mayúsculas y símbolos, que además cambiamos cada 30 o 45 días (si ya sé que es un latazo, pero es lo que hay. Ponerle una contraseña al BIOS, cifrar la memoria de disco y los pen-drive, usar las redes WiFi de acceso libre con cautela y nunca para transmitir temas críticos poco más.

Tan sencillo y obvio como no dejar las llaves puestas en el coche mientras vas a pagar en la gasolinera…

¡Mucha seguridad, valor y al teclado!

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Un Comentario para “Post Invitado. Mariano Blanco: “El Riesgo Tecnológico en Tiempos de Smartphones y Redes Sociales””

  1. Muy buena lectura y muy cierta. Lo recomendaré en mi blog para que uno que otro lo lea.

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