Post Invitado. Javier Martínez Aldanondo. “La poción mágica”

Javier Martínez Aldanondo es Gerente de Gestión del Conocimiento de Catenaria y Director de Knoco Ltd. Este español afincado en Chile desde hace una década es Licenciado en Derecho por la Universidad del País Vasco y Máster en Internet Management por el Institut Catala de la Tecnología. Miembro fundador del Club de Gestión del Conocimiento en Chile, escribe una columna mensual sobre el tema para la revista Capital Humano y es ponente en seminarios y congresos internacionales de e-learning, Innovación y Gestión del Conocimiento desde 1999. Javier es, además, profesor de los Masters de e-learning de la Universidad de Sevilla y de la Universidad de Salamanca, así como profesor del curso Fundamentos y Herramientas de la Gestión del Conocimiento de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

………………………………………………………………………………………

Para la mayoría de adultos, los personajes de las historias de Asterix, Obelix y el resto de los irreductibles galos son casi miembros de la familia. Resulta imposible olvidar que el arma que impedía que en el año 50 A.C las legiones romanas pudiesen confirmar al Cesar que TODA la Galia había sido ocupada, era la poción mágica que otorgaba una fuerza sobrehumana a quien la tomaba. El secreto sobre cómo prepararla tenía un único propietario y poseedor: Panoramix. Contar con ese conocimiento específico era la diferencia entre la victoria y la derrota, entre la libertad o el sometimiento y la esclavitud. En definitiva, entre la vida y la muerte.

Hoy en día, cada organización tiene una poción mágica (conocimiento) que le permite competir exitosamente en su mercado. Igualmente, cada persona tiene su propia poción mágica, un conocimiento que le permite desempeñar su trabajo, lo que no es banal en los tiempos que corren. Ese conocimiento puede ser tan valorado y sofisticado como pilotar el ultimo modelo de Airbus 380 o descubrir una vacuna para el cáncer o tan cotidiano como preparar una paella o reparar el motor de un automóvil.

Dicho conocimiento no es un regalo que se pueda agradecer a la genética (no forma parte de la herencia que te dejaron tus padres precargado en el ADN) ni es fruto de la inspiración divina. Cada uno de nosotros sabe de sobra que lo obtuvo como resultado de un largo y complejo proceso de aprendizaje en el que, desgraciadamente, poco tuvo que ver la educación formal con sus ritos obligatorios: colegio, universidad, aulas, asignaturas o exámenes.

De unos años a esta parte, existe consenso en la sociedad sobre la necesidad de mejorar la educación. Incluso, la semana pasada, el flamante ministro de educación se subía al carro anunciando  ideas transgresoras para la universidad que no dejan de ser más de lo mismo. Dentro de esta gran voragine, hay que resaltar el creciente interés por incorporar las “nuevas  tecnologías” en los procesos educativos. Hoy resulta habitual oír hablar del enorme crecimiento del e-learning, de la instalación de pizarras digitales, de un ordenador por alumno, de usar las redes sociales en el aula, etc. De hecho, mucha gente parece creer que la nueva poción mágica que permitirá resolver todos los problemas de la educación es precisamente la tecnología. Craso error.

¿Podemos apoyarnos en las tecnologías para sacar a la educación del pozo en el que se encuentra? Desde luego que si. Podría convertirse en el nuevo caballo de Troya pero para lograrlo, hay que tener en cuenta una serie de principios básicos que siguen pasando desapercibidos:

1. Añadir tecnología a un proceso que no funciona no solo no lo mejora sino que lo empeora. La educación tiene serios problemas respecto de lo QUÉ enseña (asignaturas absurdas que no tienen nada que ver con lo que enfrentaremos durante nuestra vida) y de CÓMO lo enseña (escuchar, leer y memorizar para el examen en lugar de practicar y equivocarse). Mientras no rediseñemos ese proceso, seguir incorporando tecnología será un gasto inútil, un adorno superfluo. Necesitamos en primer lugar comprender como aprenden verdaderamente las personas.

2. Internet propone un nuevo lenguaje para hacer cosas distintas y no para seguir haciendo lo mismo. Hoy, estamos empleando las nuevas tecnologías con la mentalidad antigua (editorial) lo cual es, en cierta manera, bastante normal. Los comienzos de cine tienen muchas similitudes con esta situación. Las primeras películas de los hermanos Lumiere trataban de filmar obras de teatro o escenas de la vida real como “Obreros a la salida de una fábrica”. Tuvieron que pasar algunos años para que el cine desarrollase su propio lenguaje (guiones, exteriores, sonido, efectos especiales, montaje) y llegar a ser lo que hoy conocemos. La mayoría del e-learning que tenemos sigue basado en el concepto del libro y del aula llevada a la web, de estudiar y hacer tests.

3. Los ordenadores cambian radicalmente el panorama por que son un “doing device”, un aparato para hacer cosas y no para pasar páginas ni para escuchar pasivamente. Para eso ya está la televisión. E-learning no significa leer en la pantalla del ordenador lo que antes leíamos en un papel. Ni multimedia (animaciones llamativas, sonidos, imágenes, videos espectaculares) es sinónimo de aprendizaje. Hemos estado acostumbrados a tratar a los alumnos como telespectadores que consumen lo que se les ofrece sin posibilidad de elegir, obligados a escuchar sin poder practicar, robándoles la posibilidad de equivocarse en lugar de arriesgarse, tomar decisiones y comprobar las consecuencias. Un ordenador permite algo que el aula y un solo profesor no pueden siquiera soñar: recuperar la educación uno a uno, diseñar simulaciones para que cada alumno pueda aprender haciendo y no escuchando.

La tecnología tiene el potencial para rediseñar la educación y convertirse en la poción mágica. Solo hace falta saber usarla correctamente. Casi nada.

Twitter Digg Delicious Stumbleupon Technorati Facebook Email

No hay comentarios aún... ¡Se el primero en dejar una respuesta!

Dejar un Comentario