Post Invitado. Francisco Pizarro Escribano: “Definición y elementos de la innovación social”

Francisco Pizarro EscribanoFrancisco Pizarro Escribano es Director de Desarrollo de Negocio en el Parque Científico y Tecnológico de Extremadura. Francisco acumula más de diez años de experiencia dedicado al fomento y la creación de empresas de base tecnológica, así como al desarrollo de las relaciones Universidad-Empresa para la Innovación, habiendo pasado más de siete años al frente del Centro de Iniciativas Emprendedoras de la Fundación General de la Universidad Autónoma de Madrid.

 

Al hilo de la entrada anterior, he querido acudir a Paco para pedirle que, a partir de algunas de sus contribuciones académicas, nos ofreciera una definición práctica, sintética y orientada a la acción de eso que llamamos “innovación social” y que habitualmente situamos en un terreno demasiado difuso y dado a la superchería. La rigurosidad intelectual de su contribución nos ofrecerá una base sólida para el debate constructivo que necesitamos más que nunca.

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Definición de innovación social

La innovación, siguiendo la influencia de Schumpeter, se asocia recurrentemente al emprendimiento. En la investigación acerca de la dimensión social de estos dos conceptos también se produce esta relación y, como consecuencia, la concepción de la innovación social como medio para la solución de un problema social resulta el enfoque más frecuente.

Sin embargo hay dos fenómenos emergentes en los últimos años que condicionan la necesidad de una definición más amplia, por una parte, en la Sociedad del Conocimiento la persona se convierte en el factor más estratégico de las organizaciones y, por otra parte, en un proceso de transición del Estado del Bienestar a la Sociedad del Bienestar las organizaciones del Tercer Sector están creciendo en número e importancia como agentes del cambio social.

Además, el hecho de que los modelos de negocio más exitosos de los últimos cinco años tengan un componente más cercano a la innovación social que a la innovación tecnológica, organizativa o comercial – como es el caso de las redes sociales, o los modelos 2.0 – introduce un nuevo elemento de complejidad al concepto que nos ocupa.

La literatura recoge estas influencias y, como consecuencia, observamos tres grandes tendencias en el tratamiento de la Innovación Social:

  • Por el objeto: solución de un problema social
  • Por el sujeto: la realizada por las entidades sociales (del Tercer Sector)
  • Por el método: la relativa a las relaciones humanas o a los comportamientos

En nuestra tarea de tratar de aportar una definición lo más amplia posible del concepto Innovación Social, partimos de una definición genérica de innovación, según la cual ésta es el proceso o resultado de introducir un cambio para una mejora (un progreso) para un sistema, y, a continuación, indagamos en la definición del adjetivo social que queremos añadirle en tanto que perteneciente o relativo a la sociedad, entendiendo ésta como conjunto de individuos que comparten una misma cultura y que interactúan entre sí para conformar una comunidad.

Si fusionamos ambos conceptos, podemos entender la Innovación Social como el proceso o resultado de introducir un cambio para la mejora o el progreso de un conjunto de individuos que interactúan entre sí para conformar una comunidad (en ecología el tercer nivel de organización que consiste en el conjunto de varias especies que viven en un área específica y dependen las unas de las otras para su alimentación).

En definitiva, se trata de un cambio que crea valor a la sociedad como un todo, más que a individuos particulares (Phills, Deiglmeier y Miller, 2008) , y esta comunidad puede referirse al conjunto de individuos que comparten un problema o déficit social objeto del emprendimiento social o de la labor de entidades y empresas de la economía social y solidaria, también al factor humano de cualquier organización  su principal activo y factor estratégico en la economía del conocimiento– o bien al conjunto de clientes de una empresa con un modelo de negocio en que éste es “prosumer”, es decir, productor y consumidor a un tiempo.

Proceso y agentes de la innovación social

Definida la innovación social de una forma amplia, centrémonos en su aplicación en el marco de la economía solidaria, es decir, abordémosla como factor clave para el cambio social, para la búsqueda de soluciones eficaces, eficientes y sostenibles de problemas sociales (Phills, Deiglmeier y Miller, 2008).

En este sentido, podría decirse que estudiaremos y trataremos de explicar la innovación social como un proceso dentro de otro proceso, el del cambio social a través del emprendimiento social.

Para ello conviene revisar el marco en que se produce la transformación social a través del emprendimiento y la innovación, según el siguiente esquema.

Modelo de relación para el emprendimiento y la innovación social

En este modelo, los beneficiarios son aquellos ciudadanos que tienen necesidades sociales insatisfechas o insuficientemente satisfechas y que, en muchos casos, no tienen, ni siquiera capacidad de demanda.

Un grupo de ciudadanos, comprometidos con la situación social deficitaria que viven los beneficiarios deciden convertirse en sus representantes, en aquellos que demanden una solución válida que satisfaga sus necesidades. Llamados en este modelo demandantes, pueden ser identificados con cualquiera de las ONG que actúan en el escenario comunitario en defensa de diferentes causas.

El compromiso de los demandantes con los beneficiarios procede fundamentalmente de tres fuentes: autoayuda, activismo, o filantropía (Hockerts, 2005); esto es, los propios beneficiarios pueden estar involucrados en asociaciones de demandantes, contando además con el apoyo de personas comprometidas con su causa por su profesión, su formación, sus vivencias o sus creencias, e incluso pueden contar también con la participación de personas que desinteresadamente apoyan la causa, como un modo de devolver a la sociedad lo que han recibido de ella.

Por su compromiso, los demandantes son perfectos conocedores de la situación de los beneficiarios y de las posibles soluciones, de modo que su función es reivindicar la solución a esta situación social deficitaria y proponer formas innovadoras de hacerlo.

Los destinatarios de dichas reivindicaciones y propuestas innovadoras son aquellos que poseen los medios para ponerlas en práctica: los financiadores. En contextos de Estado de Bienestar muy amplio, el principal financiador, e incluso productor del bien o servicio capaz de satisfacer las necesidades de los beneficiarios es el Estado.

Sin embargo, ante un progresivo adelgazamiento del Estado del Bienestar, buscando su eficiencia, y su sostenibilidad económica, el Estado deja de ser el principal financiador y productor de servicios sociales y los promotores de los proyectos sociales han de sensibilizar con la causa que defienden a Empresas (responsabilidad social corporativa) y Particulares (filantropía) con el fin de estimular su compromiso y participación en los proyectos encaminados a la solución del problema social abordado.

En este proceso, las entidades sociales han tenido que asumir, además de sus roles reivindicativo e innovador, un rol productivo (Borzaga y Santuari, 2000), que les exige desarrollar proyectos y estructuras para la prestación de los bienes y servicios que satisfagan las necesidades sociales de sus beneficiarios, son las Empresas Sociales (cualquier iniciativa empresarial creada con el propósito de erradicar o disminuir un problema social o un fallo del mercado, generando valor social al tiempo que se opera con la disciplina financiera, la capacidad de innovación y la determinación del sector privado empresarial, Kim Alter, 2008).

Estas empresas, emprendidas por los propios demandantes y participadas por ellos, cuentan así con un control externo de la calidad prestada, pues el beneficiario, como no siempre puede expresarse vía precio o vía elección de proveedor, carece de un sistema de información directo acerca de la calidad percibida.

Los demandantes, como promotores, propietarios y gestores de estas empresas sociales, procuran la financiación del proyecto por parte de Estado, Empresas y Particulares que retribuirán a la empresa a Coste de Producción y no a precios de mercado. Si bien el carácter social de estas empresas, y su papel en el mercado y en la comunidad, logran rebajar los costes de transacción. Así por ejemplo, sus trabajadores estarán dispuestos a percibir menos salario por trabajar en un proyecto social que les estimula y compromete.

En este contexto, comunicación y transparencia en la gestión se han convertido en herramientas fundamentales de las entidades no lucrativas ante los agentes financiadores (Cabra de Luna, 1999), con el objetivo de generar sensibilidad con sus beneficiarios y confianza en la gestión de las entidades que los representan, y convertirse así en destinatarios de sus donaciones, patrocinios, e incluso gastos o inversiones.

Conclusión

La innovación social es un hecho polisémico, que en su acepción más utilizada hace referencia a la generación de nuevos modos de resolución de problemas sociales, culturales y ambientales.

Se dice que la crisis económica actual es de naturaleza financiera, que tiene un origen ético y que tendrá consecuencias sociales. Si la innovación es la fuente de la transformación económica que marcará el camino de salida; la innovación social será el camino mediante el cual resolver los nuevos retos sociales que se derivan de la situación deficitaria actual.

Nuevas relaciones entre estado, empresas y ciudadanía en general constituyen la base del proceso por el que nuevas fórmulas de organización social serán también parte del nuevo mundo que muchos auguran como consecuencia de esta situación crítica.

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