El ACTA en proceso de ratificación en la UE

ACTA (Anti-Counterfeiting Trade Agreement)  tiene una ya larga (y lamentable) historia desde su puesta en marcha  (por iniciativa de Japón y Estados Unidos) en el año 2006.  Las negociaciones oficiales comenzaron en junio del 2008.

Como se sabe el ACTA es un tratado internacional que tiene como objetivo la protección de la propiedad intelectual en Internet,  tratando de responder al tráfico ilegal de contenidos tan extendido en la Red.  Este artículo de Wikipedia constituye una buena fuente al respecto.  Fuentes adicionales son ésta y ésta.

El ACTA se ha visto rodeado de una gran polémica sobre todo por el extremo carácter secreto que se dió a las negociaciones.  Como suele ser habitual por otra parte, una cosa es querer y otra poder, y rápidamente se empezaron a filtar en Internet (vía Wikileak inicialmente)  los textos que se estaban negociando así como las posturas de los diferentes países.

A partir de ese momento, la presión de diferentes grupos defensores de los derechos de los usuarios  (EFF, Consumers International, EDRi, FSF, FKI, …) así como de la opinión pública en general, ha obligado finalmente (tras años de presiones) a los países negociadores a suavizar en cierta medida su postura de secreto extremo  y ha hecho que el texto final que se ha aprobado  (que puede verse aquí)  sea algo mas razonable y no tan al dictado de los propietarios de los derechos de copia como parecía que iba a ser  (lo que no quiere decir que no siga existiendo una abierta y clara oposición a la firma de este tratado por parte de las referidas organizaciones así como de los usuarios en general).

Desde el 1 de mayo de este año el tratado ACTA esta abierto para su ratificación por los diferentes países, estando previsto que permanezca en dicho estado hasta el 1 de mayo del 2013.

Viene todo esto a cuento porque  se ha comentado en los últimos días en la Red (ver aquí y aquí por ejemplo)  la reciente publicación de un informe sobre el texto final de ACTA en relación con la próxima ratificación del mismo por parte del Parlamento Europeo.  El referido informe puede verse aquí y  fue encargado por el “Directorate-General for External Policies”  del Parlamento Europeo un poco en respuesta a las críticas sobre el texto final del tratado publicadas por un amplio grupo de académicos europeos.

¿Cual era el contenido básico de esas críticas?.  Pues que, aunque las provisiones mas radicales inicialmente previstas en el ACTA habían finalmente desaparecido del tratado,  existían sin embargo múltiples aspectos del mismo que estaban en conflicto con las leyes y los derechos reconocidos a  los ciudadanos de la UE.

¿Cuales han sido las conclusiones de éste último informes encargado por el Parlamento Europeo?.  Pues  muy parecidas a las anteriores, esto es:  no hay aspectos que obliguen a un rechazo radical del tratado pero existen múltiples aspectos del mismo que pueden entrar en conflicto con derechos reconocidos en las actuales leyes de la UE.  Recomienda que el tratado no se apruebe sin que que introduzcan en el texto referencias precisas y por escrito a las salvedades y precauciones que se deben tener a la hora de trasladar este tratado (suponiendo que finalmente el Parlamento Europeo lo apruebe)  a las legislaciones de los diferentes países miembros de la Unión.

¿Que podemos comentar al respecto?.  Pues la verdad  lo mas razonable sería no ratificar este tratado que,  en el mejor de los casos,  lo mas probable es que acabe siendo algo ineficaz y costoso.

Se ha comentado muchas veces que pretender acabar con el tráfico ilegal de contenidos por la vía penal resulta un empeño imposible.  No parece sin embargo que la industria de contenidos acabe de entenderlo.

Pretender seguir con los modelos de negocio tradicionales de este segmento de la industria sin querer ver los enormes cambios que Internet y la digitalización inevitablemente suponen no parece tampoco demasiado realista. La única solución sería “cerrar” Internet y no parece que esta sea una propuesta razonable (por decirlo de forma positiva).

Caso tras caso  (iTunes, Spotify, Kindle de Amazon, Netflix, App Store de Apple, …)  se ha demostrado que cuando se hacen accesibles contenidos digitales con catálogos amplios, en condiciones razonables y a precios competitivos los usuarios están dispuestos a pagar por los mismos (no a los mismos precios que antes evidentemente).  El cambio de los modelos de negocio de la industria de contenidos puede ser  sin duda traumático pero parece claramente inevitable.

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