#emasí

Hace ya mucho tiempo que la vetusta I+D se cambiaba por una denominación facilona que se ha dejado mangonear hasta la saciedad, I+D+i; e incluso más recientemente hemos popularizado la E+i desde los ámbitos más cercanos cada vez a la divulgación, la comunicación y las relaciones públicas…

“A más a más”, que diría un buen amigo del norte -y debido probablemente a que como afirmara Fernando Beltrán en alguna entrevista rec¡ente en televisión la “e” y la “i” son vocales “tecnológicas”-, el Emprendimiento y la innovación (E+i) se han vinculado muy frecuentemente solo a las tecnologías aun de moda, las infotecnologías.

Knowledge

El caso es que, más allá de lo anecdótico, los temas relativos a la iniciativa emprendedora y a la innovación están ganado terreno institucional en las universidades españolas, después de haberlo hecho, con mucha más fuerza y ánimo de lucro, en las cada vez más numerosas y omnipresentes “escuelas de negocio” que en este páramo dejado de la mano de Dios son legión.

Me ha llamado la atención en este sentido la reciente publicación en Novática -una revista de nicho muy conocida en el ámbito científico-técnico de los informáticos en España- de un especial dedicado específicamente a “Innovación y emprendimiento en Informática“. Dentro del mismo encontramos, desde entrevistas y reportajes dedicados al espíritu innovador en primera persona, hasta un puñado de “casos de éxito”, pasando por tecnologías y aplicaciones concretas o ámbitos muy específicos donde profundizar mediante el análisis y la exposición de posiciones más o menos elaboradas.

Una de esas aportaciones que me ha parecido merecedora de un comentario más amplio aquí es la que aparece en la página 27 dedicada a las Universidades como “Ecosistema” para la E+i. encontramos en esta especie de editorial miscelánea formada por un conjunto de aportaciones diversas, heterogéneas de nueve responsables universitarios de alguna de las áreas anejas a la “E” y/o a la “i” del neologismo de moda, “emasí“.

Me he detenido un rato en su lectura porque me ha parecido sintomática de lo que está pasando con la promoción de la iniciativa emprendedora de nuestro depauperado ecosistema “Universidad-Empresa”, que podemos bautizar, haciendo un vano y poco riguroso esfuerzo neológico, como “umenosé“.

Una de las características que confirma esa lectura es la tendencia a pedir lo que vemos en la mesa de al lado; es decir a replicar iniciativas que incorporan atributos “emprendedores” e “innovadores” sin criterio alguno de racionalidad, sostenibilidad o continuidad: másteres, concursos, ayudas, formación y un largo etcétera que no se puede contextualizar en un escenario cada vez más atomizado.

Unas iniciativas todas ellas que sitúan, a priori, tanto al emprendimiento como a la innovación fuera de la actividad “normal” de la Universidad: existen másteres para emprender, concursos y ayudas que se sitúan fuera de la oferta académica y/o de las fronteras que establece la actividad pedagógica e investigadora… Sin embargo, encontramos en la breve aportación de Fernando Sánchez Figueroa -que asumía hace poco más de un año el reto de integrar los antiguos vicerrectorados de Coordinación y Relaciones Institucionales con el de Extensión Universitaria en Extremadura-, la referencia a algunos cambios en la reglamentación institucional de la Universidad española que van en la dirección que parece más esperanzadora, que no debe ser otra que la de integrar la iniciativa emprendedora dentro de la actividad universitaria.

Entrepreneurship & Discipline of Innovation

Eso en cuanto a una “e” que ya no puede sino ir de la mano de una “i” que sobrevive gracias a la retórica de una serie de iniciativas que promulgan su proverbial “apertura”, tanto desde la universidad como desde la empresa, pero que salvo contadas ocasiones fracasan en cuanto se las aparta mínimamente de la hoja de cálculo, la sala de reuniones y del cañón proyector.

Aparte de recomendar la lectura de estas aportaciones a un debate abierto en un ámbito de rigurosa actualidad, me gustaría que el lector fuera capaz de reflexionar acerca del potencial que una adecuada política (sostenible, racional, eficiente) para la promoción del emprendimiento y la innovación desde la Universidad puede tener desde el punto de vista socioeconómico.

Desde el punto de vista intelectual, sigue resultando imprescindible -si queremos que el debate sea constructivo y mínimamente coherente- repasar la teoría del “espíritu emprendedor” que planteada Schumpeter (Theory of Economic Development, 1911) fundamentando su rol social en una capacidad innovadora que, más tarde, otro austriaco universal, Peter Drucker, formulara como una disciplina empresarial (The Discipline of Innovation, HBR, 1985) necesaria en un escenario en el que nacía y se consolidaba una nueva estrella, el trabajador del conocimiento.

Twitter Digg Delicious Stumbleupon Technorati Facebook Email

No hay comentarios aún... ¡Se el primero en dejar una respuesta!

Dejar un Comentario