De átomos y bits… ¿’onemoretime’?

El circunstancial auge de los proyectos de todo tipo encaminados, supuestamente, a la promoción de la iniciativa “emprendedora” en un país, España, que parece sufrir de forma particular esta coyuntura socioeconómica desfavorable, se ha convertido en un lugar común.

incubadora

Hay multitud de análisis, con diferente profundidad, publicados en todo tipo de medios, que dan cuenta de la dudosa efectividad y de la inexistente eficiencia de aquellas iniciativas.

La motivación para escribir esta entrada surge de la lectura de una pieza que me recomendaba un buen amigo acerca de la realidad de la actual burbuja de las llamadas aceleradoras de negocios digitales en nuestro país.

El artículo al que me refiero lo firma Roberto Espinosa en Sintetia y, evidentemente, está escrito desde la perspectiva del economista que es el autor. Pone sobre la mesa, sin embargo, una serie de cuestiones muy pertinentes cuando hablamos del futuro del emprendimiento en el ámbito infotecnológico y que creo que pueden ser de utilidad al lector a la hora de plantear un debate constructivo.

La tesis de partida de ese artículo es que las aceleradoras, tal y como las conocemos, son parte del pasado. Los argumentos para sostenerla son variados: cortoplacismo, foco en lo inmaterial (software), etc. Su lectura es breve. Aquí me interesa llamar la atención sobre algunos puntos sobre los que pasa el autor y que me parecen interesantes.

Me interesa especialmente la idea de un futuro para esas aceleradoras no como escuelas de negocio ‘low cost‘, tal como las denomina en un momento dado el autor del artículo, sino como parte, como de hecho ya son en algunos casos, de las modernas escuelas de negocio que se han apuntado al tren del emprendimiento.

Me parece interesante también cómo el autor plantea la posibilidad de que la Universidad, como institución, tenga un papel en un futuro en el que la búsqueda de la innovación basada no exclusivamente en lo digital demande conocimientos e incluso instalaciones que puedan proveer las universidades.

Es de hecho esa institución la que necesita de un cambio profundo para conseguir salvar la manifiesta deficiencia de perfiles inter y multidisciplinares que esas aceleradoras (aunque sea en forma de mini-clusters competitivos geográficamente especializados) del futuro ya están sufriendo. Lo digo porque no va a bastar con combinar perfiles especializados diferentes para solventar esta cuestión; sino que necesitaremos formar perfiles nuevos, con una “especialización” sociotecnológica que no existe como tal.

Tampoco creo que sea cuestión de pasar de lo inmaterial (del software para simplificar) a lo físico (al hardware). Se trata de entender que la cotidianeidad de las tecnologías de las que hablamos forma parte de un Nuevo Entorno Tecnosocial, que se caracteriza, entre otras cosas, por la ubicuidad, protesicidad, intangibilidad, rastreabilidad, movilidad y analogodigitalidad de esas tecnologías.

No se trata de las aceleradoras ni de la burbuja emprendedora -si el lector quiere aceptar su existencia. De lo que hablamos es de innovación en una sociedad posindustrial que lucha por reinventarse. Pero debemos hablar de una Innovación con mayúscula capaz de dejar atrás la lógica industrial de la I+D+i.

Las “aceleradoras”, tal y como las conocemos no tienen sentido; no tienen futuro. Es cierto, me parece evidente. Pero el motivo es que ya no aportan nada en un ecosistema de innovación en el que el software por si solo no da más de si; en un escenario en que las ciudades compiten como hubs de innovación geográficamente especializados y enfocados en la atracción del talento creador; en un momento en el que hay ya hace tiempo muchas más “máquinas” que personas conectadas a una Red que es, de hecho, Universal y Digital.

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