“d”

Hace ya mucho que vengo fundamentando cierta visión metodológica muy particular en una formulación que me encontraba en la primavera de 2006 en un semanario gratuito, desafortunadamente ya desaparecido, de vocación tecnocientífica, tal como su nombre nos hacía suponer, “TecnoCiencia”.

Jorge Ruiz Morales

El caso es que, más allá de seguir añadiendo letras a esa formulación, que en ciertas ocasiones ha sido un improvisado instrumento neológico muy útil para la reflexión desde esta tribuna solitaria y recuperando su inspiración inicial que me llevara al desarrollo de determinadas iniciativas también muy personales, he recuperado -mientras buceaba por Internet Archive-, y quiero traer aquí, el texto original de aquella editorial que firmaba en marzo de 2006 Jorge Ruiz Morales, Fundador de la editorial Equipo Sirius y la revista AstronomíA.

Reproduzco el texto original a modo de “textículo” inspirador y formativo del que quiero destacar (en negrita) la declaración de principios que a todo dio origen.

I+D+i+d DE DIVULGACIÓN

A los que inventaron esta famosas siglas se les olvidó la «d» de divulgación que nosotros hemos añadido. No deberíamos aceptar ninguna política científica que se olvide de esta segunda «d», a pesar de la falta de práctica en nuestro país al respecto.

En un reciente estudio presentado a los medios de comunicación, se afirmaba que ¡4 de cada 10 universitarios no ha comprado un libro el pasado año!, y se añadía que el 42,3% de los estudiantes consideran que los libros son caros. Sumemos a esto la crisis que atraviesan las editoriales científicotécnicas –eliminación de colecciones, venta de originales, reestructuración de mercados–, y tendremos un panorama bastante ajustado de lo que está ocurriendo.

El libro infantil y juvenil se vende «como rosquillas», ¿Qué padres, tíos o abuelos no compran libros a los niños?, Harry Potter es un superventas (¡muy bien, los chavales se animan a leer!), pero…después hay un salto de muchos años en donde apenas se lee.

Si algún lector conoce la biblioteca escolar del colegio o instituto de sus hijos, es un afortunado, pero ¿cómo es esa biblioteca? Probablemente será una serie de baldas con algunos libros en alguna habitación poco iluminada y atendida por un profesor o profesora con buena voluntad pero sin formación bibliotecaria.

Desde Tecnociencia queremos reivindicar la necesidad de una formación integral, de una Cultura con apoyo sólido. Por ello, vamos a dar cabida en estas páginas a toda la tecnociencia que favorezca esa visión más completa (en la medida de lo posible) que explique el mundo que nos rodea. Y si conseguimos hacerlo de forma entretenida, mucho mejor; y si conseguimos que los más jóvenes vean la tecnociencia sin miedo, mucho mejor; y si conseguimos que los poderes públicos comprendan un poquito esta visión, mucho mejor.

 

La potencia de la interpretación tecnocultural de esta observación ha sido la base del esfuerzo realizado por quien suscribe estas líneas para dotar de la coherencia y consistencia necesarias a muchas de sus iniciativas en los ámbitos de la formación y la investigación… pero eso lo dejamos para mi inminente “blogotesis“.

El lector interesado puede encontrar los ejemplares de Tecnociencia en la máquina del tiempo de Internet Archive, siguiendo este enlace.

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