¿Cuánto vale Internet?

Net benefits  How to quantify the gains that the internet has brought to consumersEsta cuestión reiterada, trivial en su formulación, esconde toda la complejidad del significado social de la construcción técnica que mayor impacto ha tenido en la historia reciente de la Humanidad. Se trata de una cuestión sociotécnica, necesariamente compleja, que nos debería preocupar como ingenieros y que hace ya algún tiempo ocupa a los economistas de todo el mundo.

Hace unos días, me encontraba en uno de los blogs de The Economist, Free Exchange, con una breve entrada al respecto que presentaba algunos ejemplos de esos esfuerzos por determinar el valor económico de Internet y responder al grito desesperado de aquel inolvidable personaje de Tom Cruise.

Como bien dicen en el artículo, el PIB mide las transacciones monetarias, no el bienestar. Está claro que Internet ha impactado, en mayor o menor medida, sobre todos los aspectos de nuestra vida cotidiana; y si bien no hemos conseguido desarrollar aun una “inteligencia tecnosocial” plenamente funcional, parece que existe la percepción de que nuestro bienestar social ha mejorado mucho desde la popularización de Internet y su superficie más visible, la Web.

El concepto clave, la aproximación básica para cuantificar ese impacto, es el excedente de consumidor (consumer surplus), es decir lo que viene siendo la diferencia entre lo que el consumidor -ciudadano conforme 🙂 o borrego-, estaría dispuesto a pagar por un producto (bien o servicio) y lo que realmente paga por ello.

Shane Greenstein de la Northwestern University y Ryan McDevitt de la Universidad de Rochester han aplicado este sencillo concepto para calcular el impacto de la difusión de los accesos de banda ancha en EE. UU. Su sencilla curva de demanda, construida entre 1999 y 2006 no considera el valor de los servicios que había en la Red en 2006, o lo que significaba ese acceso con respecto a lo que aportaba en 1999. Es interesante ver cómo los mismos autores ampliaron el mismo ejercicio a 30 países de la OCDE en un artículo más reciente.

Otros ejercicios proponen preguntarle a esos consumidores cuánto pagarían por los servicios que habitualmente disfrutan de forma gratuita en la Red (Consumers driving the digital uptake: The economic value of online advertising-based services for consumers); valorar económicamente el tiempo que se ahorran usando los servicios de Internet (A Day without a Search Engine: An Experimental Study of Online and Offline Searches); o determinar el valor económico de ese tiempo potencialmente “ocioso” que la peña echa en la Red (The Attention Economy: Measuring the Value of Free Goods on the Internet).

¿Qué significa esto? Para empezar, que ni siquiera una aproximación aparentemente tan simple es fácil de aplicar. La manera de inferir ese excedente del consumidor influye y mucho. Por otro lado, tal como nos recuerdan en el artículo de referencia, esos ejercicios contemplan solo un impacto económico positivo de Internet. No contemplan el impacto potencialmente negativo que algunos servicios especialmente populares, como las redes sociales, pueden estar teniendo sobre la productividad en el puesto de trabajo de algunos empleados.

Quien suscribe estas líneas piensa que hay un tipo de ingeniero, de formación híbrida y, de momento, necesariamente informal y no formalizada, que debería ocuparse de este tipo de cuestiones sistémicas; y espero que estas breves lecturas recomendadas puedan servir para motivar a algunos de ellos que puedan pasar por esta humilde tribuna.

Lectura recomendada: Study on the socio-economic impact of bandwidth (European Commission)

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