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Esta aseveración de carácter existencialista no es gratuita; y sirve para introducir un tema convertido en lugar común hace ya muchos años en el ámbito de la gestión empresarial, el conocimiento y su gestión dentro de las organizaciones empresariales.

El conocimiento no tiene dueño

Una de las personas que, desde mi punto de vista, realizan una labor divulgativa y formativa más relevante en ese ámbito es Javier Martínez Aldanondo que desde su particular tribuna en formato de boletín empresarial, en Catenaria, ha sabido a lo largo de los últimos años tratar muchos aspectos clave de ese particular y difuso ámbito de la gestión del conocimiento y la formación, desde los puntos de vista fundamentalmente empresariales y socio-económicos; algo que ha quedado de manifiesto en su reciente contribución a esta modesta publicación.

En su última columna, correspondiente a junio de 2012, bajo la aseveración de que “el conocimiento no tiene dueño“, Javier ha sido capaz de poner de manifiesto de una manera elegante y sencilla la disfunción organizativa que supone la introducción de una gestión eficaz del conocimiento en un tipo de organizaciones empresariales, que son una inmensa mayoría, de carácter post-industrial.

A partir de una metáfora universal como es la del guardián del centeno, Javier introduce el debate con tres argumentos acerca de la razón de que lo más valioso de una organización, aparentemente, “no tenga dueño” y cito textualmente (la negrita es mía):

  1. El conocimiento es invisible, es inconsciente, es muy difícil de transferir (desgraciadamente no se contagia) e imposible de explicitar y almacenar. El conocimiento caduca (la quiebra de Kodak es el ejemplo más reciente) pero al mismo tiempo se multiplica e incrementa su valor con el uso y sobre todo cuando se comparte. Finalmente, el conocimiento, al ser una estructura neuronal y no un objeto, es propiedad de las personas y no de las organizaciones.
  2. La inmensa mayoría de los líderes de las organizaciones fueron sutilmente “educados”, en las distinguidas universidades y escuelas de negocios a las que acudieron, para lidiar con activos tangibles (datos y cosas) pero no con intangibles (dirigir personas y sacar partido de su conocimiento).
  3. Las organizaciones actuales nunca fueron diseñadas para administrar intangibles sino que fueron pensadas para administrar objetos (fabricarlos, comprarlos, venderlos, transportarlos, almacenarlos, etc.).
Ante el problema que puede suponer dejar que el conocimiento vague, sin dueño, “como un perro abandonado”, por la empresa y aceptando el hecho de que aun pasará mucho tiempo hasta que el propio concepto de “propiedad”  cambie, Javier propone una solución: hacer que el dueño del conocimiento en nuestra empresa sea el responsable de Recursos Humanos, o como se ha dado en llamar en los últimos tiempos, Gestión del Talento, asignándole dos grandes tareas:
  1. Cosechar, recolectar y sistematizar el nuevo conocimiento que se genera diariamente en la organización.
  2. Hacer circular el conocimiento existente y preservarlo para evitar perderlo.
Teniendo en cuenta, tal como afirma Javier, que “las organizaciones no son las personas sino las relaciones entre las personas” y el hecho de que, según conjeturaba G. Siemens, “el aprendizaje es un proceso que consiste en la conexión de nodos especializados o fuentes de información“, se me antoja éste como un reto interesante para cualquier persona que se dedique profesionalmente a la dirección de otras personas en un entorno empresarial, a.k.a Manager.
Recordemos que, en palabras de P. Drucker, la responsabilidad fundamental de cualquier ‘Manager‘ es “la aplicación y gestión eficaz del conocimiento
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