Algunas lecciones desaprendidas

Metido desde hace algunas semanas en la documentación de una “blogotesis” muy particular, no dejo de darle vueltas a un montón de lugares comunes mil veces recorridos por profesionales interesados en el ámbito de la tecnología educativa desde un punto de vista más propio de la investigación tecnocientífica que de la divulgación de puente aéreo. Es así que la reciente culminación de una breve intervención profesional en ese ámbito me ha llevado a volver sobre la teoría de una praxis poco formalizada para encontrarme con las pistas necesarias para consolidar ciertas intuiciones convertidas en tesis sobre las que trabajar.

the blue school

Aprendizaje basado en proyectos. El Project-Based Learning (PBL) es ya hace muchos años un tópico, un lugar común de las teorías educativas que se ha convertido por aburrimiento en simple sitio de paso. Desde el punto de vista práctico no se trata de implementar grandes modelos teóricos, sino de resultar eficaces; pero siendo coherentes con nuestra vocación pedagógica, podemos encontrar un potente soporte metodológico en el siguiente elemento, el circuito cognitivo individual (información-conocimiento-acción).

Cerrar el circuito cognitivo individual. La praxis del PBL nos lleva a cerrar ese circuito cognitivo que nos lleva de la información -generalmente estructurada, desde el punto de visto del diseño instruccional, en forma de piezas de contenido educativo-, al conocimiento que podemos extraer de la misma con un determinado y bien incentivado nivel de esfuerzo y la necesaria programación de un conjunto de acciones -una actividad estructurada habitualmente en tareas más simples-, que nos lleven a la generación de más información y/o conocimiento que mantengan girando este círculo virtuoso intangible que, alcanzada cierta inercia, puede dar lugar a la sedimentación de una imperceptible sabiduría.

P2P Learning. Más allá de todas las consideraciones teóricas al respecto, el tipo de experiencias educativas que se diseñan ad-hoc en un entorno empresarial se apoyan en una heterogeneidad de perfiles tan solo unidos por nuestra capacidad para definir un contrato de aprendizaje con amplia aceptación entre los participantes en cada una de esas experiencias: es decir que, hay que gestionar la diversidad -de expectativas y de perfiles personales/profesionales-, desde la creación de una “igualdad” que debemos “realizar” nosotros, con nuestro propio diseño, distinto para cada intervención; y lo digo en el sentido de “experimentación” que este término ha adquirido en el ámbito de las Ciencias Sociales.

Incentivos. En ese entorno ficticio, cobra vida una comunidad de aprendizaje formada por unos “iguales” (peers) que no existen fuera de la misma y que, para dar sentido de realidad a esa construcción social son capaces incluso de dar sentido a un tipo de recompensa -basada en comunidad-, que sería irrealizable fuera de aquel entorno. Es importante definir de forma consistente y coherente esas recompensas, esos incentivos basados en comunidad, dándoles naturaleza de realidad. Las insignias/medallas (badges) y los desafíos (challenges) son instrumentalizaciones simples que dan buen resultado.

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